Es Momento de Desnudarse

Desnúdate de tus Miedos, Llevas la Esperanza Escrita por toda la Piel


Escribo esto tumbada en la cama, con la luz entrando silenciosa por la ventana, sintiendo a la perfección cómo las sábanas me abrazan para que me quede aún un rato más.


Ayer tenía miedo. Mucho miedo. Una parte de mi no paraba de recordarme todo lo que había perdido, todo lo que podía salir mal, y todo lo que pasaría en cualquiera de esos horribles escenarios que volaban por mi cabeza. Lloré, tal vez. Me sentí tan pequeña que me perdí en una esquina de la cama hasta casi desaparecer. Apagué las luces y sentí cómo la respiración se aceleraba, tal y como lo hacía mi cabeza. Cada músculo de mi cuerpo se contraía cada vez más. ¿Habría desaparecido ya?. Al parecer mis miedos no se apagaban como la luz, sino que parecían brillar aún más con las luces apagadas, y yo era demasiado diminuta como para encender nada de nuevo, ni tan siquiera una pequeña llama de esperanza.


Pero eso fue ayer.

Hoy… hoy he abandonado la esquina de la cama en la que me hice diminuta, y vuelo por todos los rincones de una cama que no esconde más lágrimas ni historias para no dormir. He crecido en unas pocas horas y mi piel desnuda se siente más arropada ahora que no la cubre el miedo. No hace frío, tampoco calor y, si prestas un poco de atención, respirar parece ser suficiente como para absorber toda la paz que flota en el aire.


No sé qué clase de disfraz llevaba ayer que me tapaba con esos amargos pensamientos, pero creo que poco a poco he ido desprendiéndome de cada tela y de cada capa hasta quedarme con lo que era y es puramente mío.

Me sienta bien este disfraz.

Este no-disfraz.

Piel que se atreve a respirar sola.

Piel vulnerable, pero fuerte.

Piel suave, pero resiliente.

Piel sin miedo.

Nos pasamos la vida poniéndonos capas de miedos, vistiéndonos con pensamientos que no nos suman, hasta que un día son tan pesados que nos cuesta andar - y respirar. Nos cubrimos con lo que pensamos que puede protegernos, hasta que anulamos cada mínima posibilidad de sentir la vida. Activamos la alarma antiincendios en medio del invierno por si alguna vez se cuela alguna llama que nos recuerde que existe el fuego - aunque en el fondo estemos temblando de frío. Nos disfrazamos por miedo y nos asfixiamos en sus infinitas capas hasta que olvidamos que la realidad nos reclama libres y nuestros.

No.

No tengo tatuajes en la piel.

Pero ella lleva la esperanza escrita por cada rincón.

No sé por qué traté de esconderla.

Ella es fuerte sola, sin disfraz, capas ni filtros.

Ella sabe más de vivir así.

Respira.

Vive.

Se ríe ahora sabiéndose libre.

Ella...

Por fin.

Se ha desnudado de los miedos.

Y sola, desnuda, siente que tiene todo lo que necesita para enfrentarse a la vida.

Porque tiene esperanza.

Y quiere vivir.

Vivir sin miedo.


Y tiene razón, es la única manera de vivir que merece la pena y le hace justicia al regalo de estar vivo. Así que yo, a partir de hoy, y sin importar lo que pasase ayer, me quedo aquí con mi piel, desnuda, sin miedos, para el resto de mi vida.




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