La Leyenda de los Lobos

¿De qué color es el cristal con el que miras el mundo?

Todo depende del color con el cristal con que se miran las cosas. Campoamor dejó esa frase para la historia, y es que sigue igual de vigente que cuando fue escrita. Es una reflexión universal, que antecede sin duda a la frase, y es que los filtros con los que percibimos la realidad cuentan historias distintas a una persona y a otra que han vivido exactamente el mismo hecho objetivo. 



Una bicicleta no le cuenta la misma historia a un campeón de un tour que al que se acaba de caer de morros de ella. Una foto no le cuenta la misma historia al que la hizo que al que la mira. Una casa no cuenta lo mismo a los que la construyeron que a quienes se la vendieron. Una persona no significa lo mismo para su mejor amigo que para un completo desconocido. La óptica desde la que miramos las cosas importa, como también lo hace la óptica con la que nos miramos a nosotros mismos. 



Pero, ¿de qué está hecha esa óptica? ¿quién se ha encargado de poner los colores? ¿decidimos nosotros los colores con los que miramos la vida?. 


La respuesta es sí y no (diplomática al máximo, lo sé, pero leed hasta el final, creedme).

No controlamos muchas cosas que nos suceden. 

No controlamos si “nos caemos de la bici”.

No controlamos si la enfermedad se presenta en nuestra puerta. 

No controlamos si lloverá. 

Pero sí cómo reaccionamos a ello.  

Podemos sacudimos el polvo y seguir con la ruta. 

Podemos enfrentamos la adversidad con dignidad. 

Podemos bailar bajo la lluvia. 

Nadie puede quitarnos quien somos. 



Lo que vivimos marca parte de esa óptica con la que percibimos el mundo, negarlo sería una locura, pero cómo nos enfrentamos a ella define el 80% restante. 



Existe una historia que cuenta esto desde una perspectiva distinta que me parece que ayuda mucho a entender todo esto y os la cuento en este vídeo. 





Nosotros alimentamos nuestra óptica vital. Alimentamos nuestro odio o nuestro amor. Alimentamos nuestros miedos o nuestros sueños. Alimentamos nuestra paz o nuestro conflicto. Alimentamos nuestra bondad o nuestra maldad. Alimentamos nuestras fortalezas o nuestros defectos. Alimentamos lo mejor de nosotros o lo peor. 

Lo cierto es que, depende de lo que alimentemos, veremos la vida de un modo u otro, actuaremos de un modo u otro y dejaremos un impacto muy diferente en este mundo. 

El caso es: ¿Qué quieres a alimentar tú? ¿De qué color vas a pintar tu vida?. 

Las cartas están en la mesa. Los colores en la paleta. ¿Juegas?. 

Comenta más abajo qué te dice a ti esta historia y cómo la forma de ver la vida te ha impactado a ti y al cuadro de tu vida, seguro que tus colores nos inspiran al resto. 

Marta Ribao Gil4 Comments