La Historia del Maestro Zen

¿Alguna vez habéis juzgado a alguien antes de conocerlo? ¿Alguna vez habéis pensado que una persona sería de una determinada forma tan sólo por su apariencia, el lugar del que proviene, lo poco que sabéis sobre ella o lo que alguien os ha contado? ¿Alguna vez os habéis juzgado a vosotros mismos? ¿Alguna vez os habéis encontrado criticando algo de vosotros cuando en realidad esa conducta no os llevaba a ninguna parte?. 

Todos juzgamos. Lo queramos o no. Nos guste o no. Lo admitamos o no. 

Siendo esto un hecho, lo poderoso, lo realmente interesante, es saber estar por encima de nuestros juicios y saberlos reconocer cuando aparecen para poder colocarlos en el lugar que les corresponde. 

Existe una historia de un Maestro Zen japonés (sí historias, mi cosa favorita en esta preciosa galaxia…) en la que el peso de los juicios se ve cristalino (más que el té), y os la cuento en el siguiente vídeo.

Los juicios pesan, los juicios estorban, los juicios ocupan un espacio que pertenece al aprendizaje y la experiencia. Juzgar demasiado no deja espacio a la realidad, no deja espacio al descubrir, no deja espacio a lo que tiene que vivirse…

Hay quienes ya se han dicho que no valen.

Hay quienes ya se han dicho que ya es tarde.

Hay quienes se han dicho que son demasiado jóvenes o demasiado viejos.

Hay quienes se han dicho que nunca lo conseguirían. 

Hay quienes se han dicho que no eran suficiente. 

Hay quienes se han dicho que nunca podrían cambiar su realidad. 

Hay quienes se han dicho que lo que tenían que decir no importaba.

Hay quienes se han dicho que eran irrelevantes. 

Se han juzgado a sí mismos así.

Han dejado que ese juicio reine, sin importar si no era la realidad. 

Y se han rendido a la partida. 

Lo cierto es que podemos juzgarnos a nosotros y a los otros todo lo que queramos, pero al hacerlo colocamos etiquetas y limitamos lo que las personas o nosotros mismos podemos llegar a ser. 

Yo hoy te reto a que tires el té por la ventana (tienes que ver el vídeo para entender esto) y a que des la oportunidad a ti y a los demás, de redefinir tu historia día a día, de no cerrar puertas antes de abrirlas y de reconocer el potencial ilimitado tanto de las personas que te rodean como de ti mismo. 

Déjanos en los comentarios qué vas a hacer tú para “vaciar tus juicios” o qué juicios te has dado cuenta que tienes tras leer este post. Seguro que tus ideas inspiran a muchos a tomar acción y liberarse de mucho peso innecesario. 

Marta Ribao GilComment