No Eres Tu Ansiedad

Sigue Luchando, Porque Ella Odia a los Valientes

Suena el despertador. Es hora de comenzar el día. Otra vez más. Realmente desearías que aún no hubiera sonado, que el sueño te siguiera envolviendo hasta que toda la ansiedad que alguna vez has tenido se deshiciera como el algodón de azúcar en contacto con tu boca. Esa es la magia que de verdad esperas, por encima de cualquier lotería.

Pero, ha sonado el despertador.

Te da miedo que la ansiedad aparezca y vaya envolviendo tu cerebro en esa tela de araña que tanto te paraliza, la misma que te presiona la cabeza hasta que sientes que te falta el aire.

Pero, ha sonado el despertador.

Abres los ojos. Suspiras. Sales de la cama, tal vez. Y, entonces, algo llega, es sutil, pero te da miedo. ¿Lo reconoces ya?. Creo que la ansiedad es como una ola. Llega sin que te des cuenta, ligera, delicada, incluso bella y, en un segundo, te ha empapado hasta los huesos. Todo sabe a sal, hasta el café, y te deja con tanto frío que cada pequeño movimiento parece una escalada a la cima más congelada de la montaña más hostil.

La araña, el algodón de azúcar salado, la ola, se ha despertado contigo.

He vivido más de 20 años de mi vida con Trastorno de Ansiedad Generalizada. Conozco perfectamente esta sensación. De hecho, la conozco tanto que durante muchísimo tiempo pensé que era parte de mi, que “yo era así”. Por algún extraño motivo, yo era esa persona a la que le costaba despertarse, le costaba respirar a veces y acababa el día agotada de tanta tensión que cargaba durante el día.

Yo era eso.

Yo era mi propio verdugo.

Yo era mi propio enemigo.

Yo era mi propio castigo.

Yo era mi propia cruz.

Y era escalofriante.

Afortunadamente, no tenía razón. Yo no era mi ansiedad del mismo modo que el diabético no era su diabetes o el enfermo de cáncer no era su cáncer. Parece aplastantemente lógico dicho así, ¿verdad?. Pero Dios sabe que me costó entender esto más tiempo del que me gustaría admitir, y a día de hoy entiendo perfectamente la razón.

Creer que la ansiedad es parte de quien eres es parte de su propio juego, es parte de su propio mecanismo de autodefensa y es su secreto para seguir creciendo. Al fin y al cabo, si la ansiedad eres tú...

¿Para qué hacer nada?

¿Para qué intentar hacer las cosas diferentes?

¿Para qué cuidarte y quererte más?

¿Para qué buscar ayuda?

¿Para qué luchar contra ella?

¿Para qué tratarla?

¿Para qué cambiar tu estilo de vida?

¿Para qué creer que mereces más?

¿Para qué creer que vas a librarte de ella alguna vez?

Es el plan perfecto. Es la estrategia perfecta. Es la llave para su propia supervivencia.

Mi mensaje para ti hoy es que no caigas en su trampa.

No eres tu ansiedad.

No eres la tormenta de pensamientos que te ahogan.

No eres la falta de aire que agota.

No eres la tela de araña en la que ella trata de envolverte.

Eres mucho más.

Y mereces mucho más.

Y vas a vivir y sentir mucho más.

No importa la ayuda que necesites para ganar tu partida.

No importa lo que tardes en vencerla.

No importa si, después de todo, vuelve a alguna vez.

Sigue luchando, porque ella odia a los valientes.

Sigue luchando, porque ella odia a los que no se rinden.

Sigue luchando, porque tú eres y serás siempre mucho más que ella.


Y este mundo necesita tu historia.