El Cangrejo Araña

Una Historia de Crecimiento


No es novedad para nadie que me conozca lo más mínimo, pero soy una fanática total de la naturaleza. Creedme, muy fan, estilo yonki, pero sin pastillas. Me encanta estar en contacto con la naturaleza (hello, vivo en mitad del monte) y la necesito como el café de por las mañanas o la tila de por las noches (vale, quizá un poco más). He estado suscrita a National Geographic durante más de 10 años y siempre he tenido animales en casa (algunos realmente extraños, pero eso es para otro día).


Mi adicción llega hasta tal punto que durante el tiempo en que estuve tan mal con la ansiedad me encargué de que todas las gatas salvajes de la urbanización pudieran tener comida suficiente para alimentar a toda su prole (creedme, mucha prole), a la cual incluso me había encargado de bautizar con diferentes nombres (que recordaba y diferenciaba a la perfección, por cierto). El caso es que, a riesgo de que esto me haga parecer completamente trastornada (algo que en parte no descarto del todo ya estar), acabé siendo la madre adoptiva de muchos, muchos gatitos, uno de los cuales incluso adopté y hoy vive conmigo en casa (corrijo, yo vivo en su casa y cumplo con mi deber como su fiel sirvienta).


El caso es que en este contexto a nadie le extraña que, también, me fascinen los documentales, y el que vi el otro día me dejó un mensaje muy importante que quería compartiros.


Resulta que el Cangrejo Araña, que por cierto puede llegar a ser realmente gigante (os recomiendo que lo googleéis para alucinar un rato), muda su caparazón para poder crecer.


Sí, a simple vista no parece tan fascinante, quizá muchos incluso sabíais esto ya, pero creo que tiene algo mucho más especial de lo que parece a simple vista y que nos afecta a todos nosotros.


En cuanto vi la imagen del cangrejo mudando todo su caparazón para poder crecer pensé inmediatamente en que era una metáfora de nuestro propio crecimiento. A veces, para crecer, necesitamos desprendernos de lo que no nos sirve, de pensamientos que nos han venido limitando, de creencias que nos han aferrado al estancamiento, de miedos que nos han hecho vivir menos libres de lo que deberíamos ser… Y desprendernos de todo eso es el precio a pagar para poder llegar a vivir una vida a nuestra altura.


Creedme, no parecía un proceso fácil para el cangrejo (imaginad abandonar tu propio caparazón y renacer literalmente de una “piel” muy dura). Además, una vez que conseguía deshacerse de su viejo caparazón y “salía a la luz” el cangrejo más grande, su nuevo envoltorio aún estaba débil y era un blanco fácil para los depredadores. El precio a pagar por su crecimiento era grande y arriesgado, y aún así todos sin excepción dejaban atrás sus caparazones para saludar a lo nuevo y desconocido que estaba por llegar.


Esto me hizo darme cuenta de que CRECER no es fácil para nosotros, pero tampoco lo es en la naturaleza de muchas maneras distintas. Nosotros, a diferencia del Cangrejo Araña, no tenemos que cambiarnos de cuerpo para avanzar, pero sí tenemos que atrevernos a desprendernos de lo que nos limita, de lo que nos hace “más pequeños” metafóricamente hablando, y plantar cara a cada uno de los miedos que nos hagan no querer saltar hacia lo desconocido con la confianza de que adquiriremos la sabiduría o “dureza de caparazón” suficiente para hacer frente a las adversidades que lleguen.


Hoy te invito a que dejes atrás lo que no te ayuda a crecer, y “mudes tu caparazón” como el Cangrejo Araña, con la tranquilidad y confianza de que lo que viene, por incierto que parezca ahora mismo, es un futuro que tú aprenderás a navegar con toda la fortaleza y valentía de la persona en la que mereces convertirte.