Un Ejemplo de Sabiduría

¿MALA SUERTE O BUENA SUERTE?

Quería compartiros una historia de un anciano agricultor chino que es sin duda un ejemplo de sabiduría que todos podemos aplicar en nuestra vida.


En esta historia, el agricultor tenía un caballo para ayudarle con las labores del campo, hasta que un día escapa y todos sus vecinos le dicen: ¡Qué mala suerte!.

El agricultor, sin dudarlo, responde: Mala suerte o buena suerte, ¡quién sabe!.

Una semana después, el caballo vuelve a casa rodeado de una manada de caballos salvajes y todos sus vecinos le dicen: ¡Qué buena suerte!.

El agricultor, sin dudarlo, responde: Mala suerte o buena suerte, ¡quién sabe!.

Poco después, tratando de domar a uno de esos caballos salvajes, el hijo del agricultor se rompe una pierna, por lo que los vecinos le dicen: ¡Qué mala suerte!.

El agricultor, sin dudarlo, responde: Mala suerte o buena suerte, ¡quién sabe!.

Unas semanas más tarde, el ejército del país llega al pueblo para reclutar a todos los jóvenes para la guerra. El hijo del agricultor, al tener la pierna rota, se libra de ir a la guerra.

Los vecinos, sin duda, pensarían que tenía buena suerte. Pero seguro que el agricultor, con su ya conocida sabiduría, tendría su clara respuesta: Mala suerte o buena suerte, ¡quién sabe!.


La sabiduría principal de esta historia es la del poder de la perspectiva. Tendemos a juzgar, como hacían los vecinos del agricultor, los eventos de nuestra vida como “buenos” o “malos”, cuando en realidad todos forman parte de una historia mayor que sólo puede entenderse con el paso del tiempo.




Muchas veces en nuestra vida ocurren cosas que no son precisamente como queríamos, pero son esas mismas cosas las que más tarde nos abren la puerta a otras más maravillosas que nunca pudimos prever. En ocasiones, como dice la frase, no conseguir lo que queremos es un auténtico golpe de suerte. Lo único cierto es que el cambio es la única constante, y ninguna situación durará para siempre, ni las “buenas”, ni las “malas”.



El auténtico mensaje de esta historia es el de confiar en la vida, abrazar el proceso, y no preocuparse en exceso por todo aquello que no podemos controlar, pues lo que parece el final de la historia no suele ser más que el comienzo de la siguiente.



¿Mala suerte?

¿Buena suerte?



Quién sabe.



Lo que es seguro es que ambas son parte de la vida, nadie escapa ni a la una ni a la otra y las dos están más interconectadas de lo que parece. Ante la duda, atrevámonos a disfrutar de lo que la vida nos ofrezca en cada momento, porque en cualquier caso no durará para siempre.