La Magia de la Gratitud

Da las Gracias, Revoluciona Tu Mundo


No había sido un día especialmente fácil, tampoco extraordinariamente complicado. Digamos que había sido un día más, con sus buenos y no tan buenos ratos. Creo que había sido de esos que pasan sin pena ni gloria, de esos que definitivamente no recordarás en una década, ni quizás tampoco en una semana.

Llegué a mi habitación, me tumbé en la cama, y me di cuenta de que en todo el día no me había parado a agradecer o a valorar absolutamente nada de lo que me rodeaba.


Quizá por eso el día dejase recuerdos en blanco y negro en vez de a color.


Y no, no me había faltado una casa calentita desde la que despertar, ni un desayuno, ni comida, ni ropa, ni agua. Había estado con las personas a las que más quería en el mundo, había tenido acceso a la magia que es internet y a la luz al encender el interruptor. También tenía a cada lado de mi cama a mi perro y a mi gato peleando por captar mi atención y un libro entre las manos que podía leer. Había vivido un día más. Todo un día. Un día que mucha gente en el mundo ya no había visto ni vería nunca.

Y yo lo había vivido SÓLO en BLANCO Y NEGRO.


No es que al día le faltase color, es que a mi se me olvidaron las pinturas.

Se me olvidó el azul del cielo, el rojo del amor que sentía por las personas en mi vida, el amarillo de los girasoles, el verde de las plantas del jardín y hasta el naranja del pajarito que volaba a través de mi ventana. Se me olvidaron ellos y las gracias, y se quedó todo grabado en grises en mi cabeza.




Nos pasa demasiado, esto de vivir en blanco y negro pese a vivir en la era digital.

Nos pasa demasiado, esto de vivir de puntillas y “sobrevivir” hasta el día siguiente.

Nos pasa demasiado, esto de dar por hecho las cosas buenas de nuestra vida.

Nos pasa demasiado, esto de no darnos cuenta de todas las pequeñas cosas que sí nos suceden y son tan importantes.

Nos pasa demasiado, esto de no decir te quiero lo suficiente.

Nos pasa demasiado, esto de vivir pensando en la siguiente cosa por hacer, dando por hecho que estaremos vivos el minuto siguiente.

Nos pasa demasiado, esto de no dar las gracias, aunque sólo sea por estar vivos.

Nos pasa demasiado, esto de no saborear lo que tenemos.

Nos pasa demasiado, esto de no pintar el presente a color.

Nos pasa demasiado, esto de dejar nuestra vida en blanco y negro.


Pero esa noche no iba a pasarme a mi. Así que cerré los ojos, y reviví cada una de las cosas que tenía y que había dado por hecho durante todo el día. Y sí, di las GRACIAS, di las gracias muchas y muchas veces hasta quedarme dormida.


Y no, no vino ningún hada mágica a visitarme mientras dormía (al menos que yo sepa), pero sí pasé todo el día siguiente pintando de colores todo lo que veía y dejando a cada segundo su oportunidad de sorprenderme, porque ¡estaba viva, un día más!, y no quería seguir viviendo en blanco y negro.


Ahora doy gracias cada noche al acostarme, aunque haya días que me cueste un poco más que otros, para que no se me olvide que no hay nada que podamos dar por hecho y que cada día es un regalo con los colores tan vivos como decidamos pintarlos.


¿De qué color vas a pintarlo tú?