Una Cuestión de Tiempo

Ten Paciencia con todo aquello que aún no esté resuelto en tu corazón…

 

La paciencia siempre ha sido un reto para mi. Esperar a que las cosas sucedan, dándolas su tiempo para ello, ha sido algo en lo que he tenido que trabajar desde que tengo memoria. Siempre he sido más de “sal ahí fuera, da lo mejor de ti y trabaja lo que tengas que trabajar para que sí o sí suceda”. Pero he llegado a comprender, al fin, que en la vida también juegan otros factores.


A veces, tan simple como pueda sonar, tan sólo se trata de una cuestión de “tiempo”.


No me refiero a que la vida que queremos va a aparecer por arte de magia si la esperamos sentados en nuestro sillón favorito, por colorido que sea, el tiempo suficiente. No, no funciona así, aunque desde luego suena más fácil, cómodo y tentador. Me refiero a que en ese proceso y camino de construir lo que queremos, en el que tenemos que dar lo mejor de nosotros y trabajar duro cada día, va a haber preguntas que no van a ser respondidas de forma instantánea y vamos a necesitar (suspiro) mucha paciencia para encontrar las respuestas.


Hay un poema de Rilke que explica esto mucho mejor de lo que yo jamás podré hacer y que ha sido parte de mi mesilla de noche durante mucho tiempo:


“Ten paciencia con todo aquello que aún no esté resuelto en tu corazón y trata de amar las preguntas en sí mismas, como habitaciones cerradas o como libros escritos en un idioma extranjero. No busques las respuestas, no se te pueden dar ahora porque entonces no serías capaz de vivirlas. Y la clave es, vivirlo todo. Vive la pregunta ahora. Quizá, poco a poco, con el tiempo y sin percatarte, te encuentres a ti mismo un día viviendo la respuesta”

Cartas a un joven poeta, Rainer Maria Rilke




Sé que la paciencia no es un reto para mi sola, al fin y al cabo, vivimos en la sociedad de lo instantáneo. El repartidor de Amazon llega a mi casa poco después de que pulse un botón y tengo a toque de click millones de temporadas de Netflix para ver cuándo y cómo quiera. Sí, sólo pensarlo resulta encantador. Vivimos en un momento genial de la historia que, además, tenemos el gran honor de compartir con la mismísima Beyoncé. ¿Quién no iba a sentirse orgulloso?.

Pero esta fantasía que tenemos la suerte de vivir tiene algunas sombras, y esas sombras suelen estar relacionadas con todo lo que implique...E S P E R A R. Realmente somos más de: “Lo quiero ahora, to go, empaquetado para regalo, rápido, fast, click y añadir a la cesta”.  Y la verdad es que las mejores cosas no llegan así. Las mejores cosas siguen un proceso en el que tal vez no seas capaz de ver ni comprender todos sus pasos hasta que llega el momento de vivirlos.

¿Éxito instantáneo? Basura, instantáneo es sólo una materia apta para el Cola-Cao y aún así, seamos francos, el instantáneo nunca llegó a superar al original. Existe el éxito, sí, de todas las formas, maneras y colores posibles. Pero no, no existe el que es instantáneo. Ése es de la misma fábrica que las Princesas Disney que necesitaban a un Príncipe Encantado para ser rescatadas y se enamoraban con un simple beso. ¿A quién se le ocurrió esa temeraria y ridícula idea?. Muy de otro Siglo. Muy desfasado. Muy fantasía.

Lo real, lo que sí es cierto, es que si queremos algo tenemos que estar dispuestos a trabajar duro por ello, a ser constantes, a aprender de los errores, a mejorar cada día y sí, también a darle tiempo al tiempo, porque hay que “intentar amar las preguntas en sí mismas” si queremos llegar a tener el privilegio de “vivir las respuestas” algún día. Al fin y al cabo, no lo olvidemos, es la pregunta lo verdaderamente importante y lo que nos ha permitido “vivirlo todo”.

Vivamos la pregunta.

Pintemos la pregunta.

Bailemos en la pregunta.

Escribamos en la pregunta.

Riamos en la pregunta.

Disfrutemos en la pregunta.

Y llegaremos, sin duda, un día a nuestra respuesta.


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Marta Ribao GilComment