Toma tu Corazón Roto y Transfórmalo en Arte

Nadie Escapa al Dolor pero, ¿Qué Decides Hacer Tú?

Nadie escapa al dolor. Podemos dedicar nuestra vida a escapar de él con todas nuestras fuerzas. Podemos estudiarlo hasta que destripemos su funcionamiento. Podemos conocerlo tanto o más como nos conocemos a nosotros mismos. Podemos odiarlo. Podemos intentar esquivarlo con las mejores técnicas y estrategias. Podemos construir la mejor muralla en la faz de la Tierra y podemos hasta bucear tan profundo que parezca que nada puede alcanzarnos tan lejos.

Sólo algo será cierto. Tarde o temprano nos lo encontraremos frente a frente.

Como ese día para mi. Ese día el dolor se había despertado conmigo, esta vez con forma de ansiedad. Lo supe desde que abrí los ojos por la mañana. Lo supe quizá desde el día anterior. Ahí estaba, conmigo, mirándome a los ojos.

No sé si sentí miedo. Sí sé que deseé que no estuviera.

En todo caso, ahí estaba, conmigo. Salí de la cama, con él agarrándome la garganta y enredando mis pies. Desayuné, con él golpeando mi estómago. Me vestí, con él arañando mi piel. Salí de casa, con él impidiéndome respirar. Llegué a mi mesa, con él apaleando mi cabeza. Lo noté, la ansiedad, el dolor, acababa de romperme el corazón, otra vez.

Entonces hice lo que he aprendido a hacer cuando noto las grietas. Tomo mi teclado, y dejo que la sangre fluya con cada palabra. Intento no pensar, intento no forzar, intento no limitar. Intento sólo dejar fluir. Intento sólo que mi corazón sangre a través de las palabras que escribo.

Es mágico realmente, dolorosamente mágico. Cuando esto pasa tengo lágrimas en mis ojos y sangre en las palabras. Lo que creo en esos momentos no se parece en nada a lo que creo o escribo normalmente. No es publicable, no es romántico, no es agradable, no es ligero y no es en absoluto fácil.

Pero hay algo que innegablemente sí es. Es bello. Es realmente bello. Es… arte.

No me considero una artista. Recordemos que he estudiado Derecho. Me encantaría ser una artista, pero soy simplemente una humilde amante del arte. Ahora, ¿lo que construyo con el dolor, lo que escribo entonces? Eso es lo más cercano a arte que he visto salir de mi.


No quiero elogiar al dolor. No quiero elogiar la ansiedad. No quiero elogiar las dificultades.

Ojalá no existieran. Ojalá no visitaran a nadie nunca. Ojalá no supiera siquiera qué se siente cuando te rozan.

No es el dolor quien produce arte.

No es el dolor quien produce superación.

No es el dolor quien produce sabiduría y carácter.

No, el dolor no hace nada de eso.

Pero nosotros sí.

No es publicable lo que escribí ese día. Es para mi. Quizá incluso un día decida destruirlo para que ni yo pueda verlo modo Banksy y su niña con el globo. No lo sé. Pero sí sé que haber creado eso me hace ser valiente, haber creado eso me ha enseñado una nueva lección, haber creado eso me ha hecho un poquito mejor, haber creado eso me ha hecho un poco más fuerte, haber creado eso en ese momento, al fin y al cabo, dice de mí que no tengo miedo de mirar al dolor a los ojos.

No tengo miedo.

Lo veo llegar, me siento con él, y dejo que se convierta lentamente en palabras. Él no quiere eso, él quiere seguir siendo sangre, él quiere seguir creando grietas, él quiere quedarse y seguir con su destrucción. Pero yo no tengo miedo de mirarlo, sentirlo, y dejar que se vaya por la puerta con cada palabra, por más ruido que quiera hacer en el proceso.

No tengo miedo.

No tengo miedo del dolor.

Sé que puedo transformarlo en arte.

Nadie escapa al dolor. Nadie puede cerrarle la puerta para siempre. Nadie puede evitar que la vida le rompa el corazón. Nadie puede blindarse frente a él. Nadie. Absolutamente nadie. Pero hay algo que todos podemos hacer frente a él. Todos podemos tomar su materia prima y convertirla en algo nuevo. Todos podemos decidir si nos transforma o nos transformamos nosotros. Todos podemos decidir si dejamos que nos destruya o decidimos crecer a su costa. Todos podemos decidir si es el final de la película o el principio de la aventura. Todos podemos decidir si nos quedamos con el corazón roto, o si lo transformamos en arte.

Yo voto por el arte.

Yo voto por crear.

Yo voto por la aventura.

¿Y tú?

Marta Ribao GilComment