¿Cómo podría ayudarte una pequeña Ranita?

Me encantan las historias. Creo que a veces hay cosas que se ven mejor desde fuera, con la perspectiva de un cuento, con las gafas puestas en un lugar lejano a nuestra realidad pero cercano a nuestra situación. Metáforas. Juegos de palabras, juegos de ideas. Oportunidades escritas en anécdotas que nos dan esperanza, o motivación, o simples sonrisas. 

El caso es que me gusta cómo las historias nos acercan a nuestras soluciones y, aunque solo sea por un momento, nos arropan con su mensaje y su chispa de sabiduría.

 

Esta historia me gusta porque creo que pasa continuamente y que nunca viene mal un refuerzo para traernos de frente con la realidad de que los verdaderos límites son los que nosotros nos ponemos a nosotros mismos.

La historia trata de una pequeña rana.

Yo personalmente me la imagino verde y muy muy pequeñita, de esas de ojos rojos tan características de Costa Rica. 

El caso es que en esta historia las Ranitas se juntan alrededor de una gran torre para organizar una competición entre ellas. 

El objetivo era escalar esa gigante torre. La rana que primero lo consiguiese, resultaría ser la ganadora.

El caso es que muchas comienzan a subir, y por el camino empiezan a escuchar las voces de las que se quedaron abajo:

"Nunca lo van a conseguir, es demasiado alto, nadie lo ha hecho hasta ahora, quizá sobreestiman sus propias capacidades, es realmente imposible".

Muchas ranitas comienzan a bajar y se rinden, exhaustas.

Otras prosiguen, aunque cuando sienten que ya no pueden más se dejan vencer por las dudas que tenían las ranitas que lo iban dejando.

Así, una tras otra, las ranas van abandonando la idea de escalar la torre.

Todas, salvo una.

Había una pequeña rana que siguió escalando, y escalando y escalando y, paso a paso, consiguió llegar a lo más alto de la torre, para la sorpresa de todas las ranas. 

Al final de la competición todas las ranas le preguntaron a la Ranita campeona que cómo lo había logrado, que qué había hecho diferente o qué secreto tenía para haber sido capaz de subir dicha cima. 

Resulta que la Rana ganadora era Sorda, y no había podido escuchar todas las opiniones de "IMPOSIBLE" venidas de todas las bocas. 

Y, por tanto, al no saber que era imposible, LO LOGRÓ.

 

Me gusta la historia porque creo que muchas veces hacemos como el resto de las ranas y dejamos que "los imposibles" en boca de otros nos frenen. Dejamos que "lo de fuera" nos diga lo que podemos o no hacer, y no nos damos la ocasión de mostrarle al mundo lo que podemos hacer si simplemente damos un paso más. 

Este post va por todos aquellos que reciben muchas veces ese "ES IMPOSIBLE" y lo intentan de todas formas, porque son ellos los únicos que lo acaban convirtiendo en POSIBLE. 

También va para los que dudan de si serán capaces por lo que han visto fuera al mirar abajo de su particular torre, porque siguen mirando hacia arriba pese a las dudas.

Y también, sí, también va por los que se bajaron de la torre, porque siempre pueden volver a ella si es lo que de verdad ansían y enseñarle de qué están hechos los sueños, porque siempre hay oportunidad de apostar por uno mismo. 

 

Yo personalmente creo que la vida es para los valientes, que hay cosas por las que merece la pena luchar y que somos sólo nosotros los únicos que podemos decir qué es POSIBLE o IMPOSIBLE.

 

Por todos esos POSIBLES por descubrir, hoy y siempre.