Simplifica

Creo que hay momentos en los que es necesario preguntarse: ¿Estoy simplificando o complicando lo que realmente existe en mi vida ahora mismo?

Porque nos pasa a todos. A veces sentimos que nuestra vida es demasiado complicada, inabordable, infinitamente compleja. Es entonces cuando tenemos que preguntamos: ¿Qué puedo hacer yo para hacer todo más simple? ¿Cómo puedo arrojar luz sobre la situación? ¿Cómo puedo centrarme en lo realmente importante?.

Para empezar, hay un ejercicio que me fascina en torno a este tema, y es el preguntarnos si necesitas todo lo que tienes, y no me refiero sólo a las cosas, que también, sino también a “todo lo que sobra o directamente no suma”, como pensamientos, proyectos o incluso personas que no nos  aportan.

En cierto modo, se trata de un tipo de “limpieza mental” de lo que ya no sirve. A veces es todo lo que necesitamos para que nuestra realidad nos parezca menos compleja. Quizá haya llegado el momento de preguntarte lo siguiente: 

  • ¿Qué cosas que tengo sobran? ¿Cómo podría limpiar físicamente mi casa, mi coche o mi oficina?
  • ¿Qué proyectos que he aceptado no me aportan lo necesario y sería más conveniente renunciar?
  •  ¿Qué personas que me rodean me “consumen” mi energía y no me suman nada positivo?
  • ¿Qué actividades de las que realizas contribuyen a un buen fin y cuáles podrían ser suprimidas?
  • ¿Qué pensamientos no me encaminan en la dirección en la que quiero llevar mi vida?

 

A veces un ejercicio tan “simple” como éste puede llevarte a tomar pequeñas decisiones (o no tan pequeñas) que consigan simplificar tu vida de manera notable y te permitan centrarte en lo que de verdad requiere tu atención y tu presencia. 

Pero éste no es el único ejercicio. Hay momentos en los que nos cuesta tomar esa perspectiva de lo que “falta” y “sobra”, y simplemente nos vemos sumidos en un estrés que no conseguimos atajar porque sentimos que “nuestra realidad es demasiado compleja” y se mueve demasiado rápido. 

En esos momentos es cuando merece la pena tomar la vía de la “simplificación de emergencia” y hacerse preguntas un tanto diferentes: 

  • ¿Qué es lo verdaderamente importante en este momento?
  • ¿Cuáles son mis 3 principales objetivos y qué actividades son realmente imprescindibles para que salga bien?
  • ¿Cómo podría simplificar aún más el proceso? 

La vida ya es lo suficientemente complicada en muchas ocasiones por ella misma como para que nosotros lo hagamos más difícil.

¿Te animas a simplificar?