¿Estás Disfrutando el Camino?

Vivimos buscando una meta, sin olvidarnos de que, mientras andamos hacia ella, está escondida la vida misma. A veces parece que vivimos sólo por los grandes hitos o los grandes momentos, pero la realidad es que cada minuto tiene su historia, su aprendizaje, y su capacidad de sorprendernos. 

Podemos vivir sólo por esas grandes “metas”, por esos grandes “destinos”, pero lo cierto es que la vida es eso que pasa entre uno y otro, y si nos olvidamos del camino nos quedaremos con una vida incompleta, sin historia ni anécdota, como un libro hueco.  

Quizá la vida consista en leer cada palabra de nuestra historia en voz alta y con la emoción que merece, porque son cada una de esas palabras de nuestro cuento lo que hace que el final de la historia merezca la pena. 

Tal vez vivamos demasiado enfocados en el resultado, en la producción final, en el “he hecho tanto” y “he conseguido cuanto”, y no tanto en el “he estado, he disfrutado, he vivido”. Al fin y al cabo, parece que estamos programados para obtener resultados inmediatos y “producir” para sentirnos valiosos. Pero quizá el truco está en saber ver la magia del momento que no vuelve, de las experiencias que nadie compra, de las sonrisas que no se cambian por dinero, de los aprendizajes que añaden vida, de los recuerdos que construyen la historia una vida, de todos y cada uno de los momentos que nos hacen únicos, día tras día. 

Este poema consigue captar realmente eso, la importancia infinita del camino, del momento que no vuelve, del momento que tenemos delante, por encima de las metas que uno pueda tener a lo largo de su vida. Las metas “hacen que iniciemos el viaje” y por ello son importantísimas, pero la aventura, el aprendizaje y los momentos no son menos importantes que el destino. 

Ítaca, en este poema de Cavafis, es esa meta o metas que todos tenemos y, como también refleja el autor, es lo que nos ofrece la oportunidad de emprender nuestro viaje personal, un viaje que nosotros podemos transformar en épico, minuto a minuto, dando sabor y color a cada página de nuestro libro. En todo caso, de nosotros depende. 

Os dejo aquí el poema completo y os animo a que lo adaptéis a vosotros y lo hagáis vuestro, sin importar el momento en el que estéis en vuestro camino. 

 

Ítaca

Cuando emprendas tu viaje a Ítaca
pide que el camino sea largo,
lleno de aventuras, lleno de experiencias.
No temas a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al colérico Poseidón,
seres tales jamás hallarás en tu camino,
si tu pensar es elevado, si selecta
es la emoción que toca tu espíritu y tu cuerpo.
Ni a los lestrigones ni a los cíclopes
ni al salvaje Poseidón encontrarás,
si no los llevas dentro de tu alma,
si no los yergue tu alma ante ti.

Pide que el camino sea largo.
Que muchas sean las mañanas de verano
en que llegues -¡con qué placer y alegría!-
a puertos nunca vistos antes.
Detente en los emporios de Fenicia
y hazte con hermosas mercancías,
nácar y coral, ámbar y ébano
y toda suerte de perfumes sensuales,
cuantos más abundantes perfumes sensuales puedas.
Ve a muchas ciudades egipcias
a aprender, a aprender de sus sabios.

Ten siempre a Ítaca en tu mente.
Llegar allí es tu destino.
Mas no apresures nunca el viaje.
Mejor que dure muchos años
y atracar, viejo ya, en la isla,
enriquecido de cuanto ganaste en el camino
sin aguantar a que Ítaca te enriquezca.

Ítaca te brindó tan hermoso viaje.
Sin ella no habrías emprendido el camino.
Pero no tiene ya nada que darte.

Aunque la halles pobre, Ítaca no te ha engañado.
Así, sabio como te has vuelto, con tanta experiencia,
entenderás ya qué significan las Ítacas.

 

Constantino Cavafis