¿Y si pensases como Einstein?

Hace unos pocos días estuve en Ulm, ciudad natal de Einstein, y me hizo pensar en todas esas cosas que hacen de su historia algo único que me apetecía compartir. Porque todos conocemos al Einstein Genio, al Einstein Excelente, al Einstein Nobel de la Física, pero poco se habla del proceso que lo llevó hasta allí, que es incluso más fascinante que el resultado.

 

Para empezar, su infancia no fue fácil, de hecho no habló hasta los 3 años y no consiguió leer bien hasta los 7, cosa que a sus padres y profesores les hacía considerar que Einstein era “lento” o que nunca podría ir al mismo ritmo de todos sus compañeros (en el fondo tenían razón, el suyo siempre fue un paso por delante).

El hecho en sí es que nada en los comienzos de Einstein (o en sus circunstancias) hablaban de genio o de persona que cambia la historia. Falló su primer examen de acceso a la Universidad y su disertación doctoral fue calificada por sus profesores como “irrelevante”. Quizá, hasta entonces, su historia era como la de todos los mortales (o la gran mayoría). Nada, aún al acabar su carrera, decía que iba a convertirse en quien es hoy en día, alguien que no necesita introducciones.

 

La diferencia, lo que supuso el gran paso fue que, a pesar de todo, PERSISTIÓ.

 

Einstein no se dejó minusvalorar por sus defectos y decidió enfocarse y vivir desde sus fortalezas. Para él, el resto de su vida iba a ser lo mejor de su vida, y así seguía trabajando día a día pese a lo que los demás opinasen o lo que él mismo pudiese dudar en algún momento.

 

Llegó a decir que no tenía ningún talento especial, sino que tan sólo era apasionadamente curioso, y quizá esa asombrosa curiosidad (y gran humildad en esa afirmación, todo hay que decirlo) lo llevó a seguir investigando y probando con la curiosidad de un niño hasta dar con la Teoría de la Relatividad.

 

Incluso tras la publicación de esa Teoría, hubo científicos en todo el mundo que lo ridiculizaron, y tacharon su teoría de inútil y carente de todo valor. Pero valor era la palabra mágica que Einstein había buscado siempre. Para él, su máxima era “Convertirse en un hombre de VALOR, no en un hombre de éxito”. Y él, pese a todo, SIGUIÓ PERSISTIENDO. Porque le importaba más ese valor que el reconocimiento, que esa chispa de éxito, que esos números en el banco. Lo que él buscaba estaba a la altura de lo que deja huella y no de lo que se pierde en el aire, y por eso siguió trabajando y apostando por sí mismo y lo que él podía aportar día tras día.

 

En 1921 obtuvo el Premio Nobel de Física.

 

En ese momento fueron todos los que habían dudado de su valor los que quedaron ridiculizados. En ese momento quienes dudaron de su talento o su inteligencia o su relevancia tuvieron que quedarse callados. Lo cierto es que el único que pese a las críticas y las dudas persistió, el único que siguió trabajando en sus fortalezas y mostrando curiosidad por descubrir el mundo que le rodeaba y trabajar en sus talentos fue ÉL mismo, sin importar lo que pasase fuera.

 

En nuestra vida todos vamos a enfrentarnos a críticas, dudas, debilidades, dificultades y miedos. Siempre va a haber cosas en las que seamos peores que los demás, gente que nos diga que “no vamos a ser capaces” o inseguridades que nos traten de convencer de que “tal vez no lo merezcamos”.

 

La pregunta es ¿vamos a dejar que nos definan o vamos a usarlas para volar más alto?

 

¿Vamos a decidir rendirnos o vamos a decidir, pese a todo, PERSISTIR?

 

Si la decisión es la segunda, quizá estemos en el comienzo de algo grande.