¿Son tus Objetivos lo Suficientemente Grandes?

Parece que tenemos un problema con la ambición ya que, de un modo u otro, lo terminamos asociando al término codicia o al de mero ego, y nos olvidamos de que la ambición es un motor poderoso pero neutro que puede llevarnos en la dirección que nosotros decidamos.

 

Ambición es querer mejorar día a día.

Ambición es convertirnos en nuestra mejor versión.

Ambición es perseguir nuestro sueños.

Ambición es aportar más a la sociedad.

Ambición es querer más y mejor a los que nos rodean.

 

La sociedad en cambio parece querer frenar la “ambición” de los individuos, sea por miedo al cambio o al poder de estos últimos. El resultado es que nos guardamos nuestros sueños o grandes objetivos por miedo a parecer “demasiado ambiciosos”, dando por hecho que tal deseo es negativo.

 

Pero no vamos a culpar a la sociedad. Ha habido personas con gran ambición en la historia, personas que han empleado esa energía para construir grandes avances para la humanidad, de un valor tan incalculable que han conseguido mejorar las vidas de millones de individuos. Todas esas personas también se enfrentaron a esos prejuicios con respecto a sus sueños o a lo que intentaban construir. Todas ellas escucharon el “eso suena imposible” o “nadie ha hecho nada parecido” o “es demasiado ambicioso”.

 

La diferencia es que ellas, sin embargo, persistieron.

 

Siempre va a haber factores externos que limiten nuestra ambición o que nos sirvan de justificación para “pensar en pequeñito” o, lo que es peor, actuar por debajo de nuestras posibilidades.

 

El gran salto, en cambio, es siempre interno.

 

El gran salto va a requerir que afrontes tus miedos y te pongas a trabajar en algo más grande que tú desde el día de hoy, aún sabiendo que podrá tardar años (o décadas) en materializarse.

El gran salto es abandonar la zona de confort (y las excusas que te mantienen a su abrigo) para permitirte crear de nuevo.

El gran salto es aceptar tus imperfecciones, tus errores y tus limitaciones, y aún así seguir trabajando y seguir creyendo.

El gran salto es encontrar alegría en los pequeños pasos, es no necesitar gratificación inmediata y es aceptar que el resultado llevará tiempo, sudor, e incluso lágrimas.

El gran salto es entrega, es emoción y es paciencia.

El gran salto es saber que tus ambiciones están ahí para llevarte más lejos de lo que nunca habías imaginado, en la dirección exacta hacia la que tienes que dirigirte.

El gran salto es perseguirlas estando agradecidos por lo que ya hay, sin perder la fe de lo que puede llegar a haber.

 

El gran salto, en definitiva, implica no cortar nuestras propias alas.

 

Si aún no tienes un objetivo que crees que puede llevarte al menos 10 años conseguirlo, quizás no estás siendo lo suficientemente ambicioso y aún puedes permitirte descubrir qué es “el gran salto” para ti.  

Pero no te asustes, no es un problema, sino una gran oportunidad.

Implica que ese gran salto puede ser tuyo.

Implica que aún puedes permitirte pensar más grande.

Implica que no es demasiado tarde.

Implica que tus posibilidades son infinitas.

Implica que existe una nueva puerta de oportunidades que puedes abrir desde hoy.

 

Permítete emocionarte de nuevo.

Permítete crear tu gran salto, aquí y ahora.

Es tu momento.

¿Cuál es tu siguiente gran objetivo?