Sobre la Ansiedad

Algunas Notas sobre ése Monstruo Invisible

 

Hacía mucho que no hablaba de esto cuando es, sin duda, la razón de que comenzase toda esta andadura de “emprender”. Nunca había considerado que tuviese “vocación” de empresaria. Tampoco jamás había sido experta en ningún tipo de tecnología. Descubrí lo que era un Blog cuando me di cuenta de que era un impresionante vehículo para transmitir ideas, aunque no había visto hasta entonces ninguno que tratase los temas que yo sentía el deber de compartir. 

 

Yo empecé todo esto porque tenía un mensaje que contar y unas ideas que transmitir que, consideraba y considero, son mucho más importantes que yo y pueden ayudar a muchas personas. Creo que las cosas nacen en el momento correcto, que suele ser ni más ni menos que cuando aparece un “por qué” lo suficientemente fuerte que te señale tu siguiente destino (sí, luego los pasos corren por cuenta de cada uno).

 

El hecho en sí es que yo empecé todo esto después de una larguísima y agotadora batalla contra la ansiedad. 

 

Observaba cómo la gente no comprendía lo que era, ni los síntomas, ni cómo había que tratarte, ni qué cosas podías necesitar diferente, ni realmente “qué narices te pasaba” o “por qué no te relajas y ya está, si no pasa nada”.

Ésa era la norma, soluciones sencillas a un problema complejo, eso, como mucho. Lo más habitual en cambio eran caras de “qué exageración, si eso nos pasa a todos y seguimos con nuestra vida igual”.

 

Pero no, todas esas respuestas no se las darías a alguien a quien se le ha roto una pierna:

 

“Venga hombre que no es nada, te levantas y ya está”

“No vayas al médico, que total no es nada”

“No entiendo cómo no puedes venir a la carrera de mañana”

“Todo el mundo se rompe la pierna, ¡supéralo ya!”

“Que la pierna está bien, que todo está en tu cabeza, tu intenta andar y ya”

 

Podría seguir con los ejemplos, pero creo que se entiende.

 

Seguimos sin ver la ansiedad o la depresión como una enfermedad más y, por ser invisibles, les negamos su realidad y su importancia.

 

Todo eso tampoco ayuda al enfermo, por cierto.

 

Pero el estigma, aunque parezca broma, no termina aquí. Hay otra postura que, si cabe, es más dañina.

 

También hay quien defiende o al menos insinúa que esto de la ansiedad es “de blanditos”, y que a esas personas lo que les pasa es que no son suficientemente fuertes “para una vida normal”.

 

Esto, por cierto de nuevo, es incluso peor para un enfermo y entra en el peligroso ámbito de juzgar desde la ignorancia (sí, ahí queda).

 

Nadie decide tener ansiedad y nadie pía por una depresión.

Voy a repetirlo por si no queda lo suficientemente claro: Nadie quiere vivir una tortura tal.

 

Nadie es más “débil o blandito” por tener la mala fortuna de cargar o haber cargado alguna vez en su vida con semejante cruz, igual que nadie es “débil o blandito” por haberse roto una pierna. Más bien al contrario, las personas más fuertes que conozco han conseguido levantar ese peso y a la vez vidas espectaculares con una fortaleza que ya quisieran quienes les tildan de “privilegiados quejicas”.

 

En mi caso, nunca en mi vida me he considerado más fuerte que cuando conseguí encontrar la forma de cargar con ese peso y usar esa fortaleza para construir algo mejor. No quiero glamourizar una enfermedad así, ojalá no me hubiera pasado nunca, ojalá no le pasase a nadie nunca, ojalá todos tuviésemos la salud óptima en todos los momentos de nuestra vida y los hospitales no existieran. Lo que digo es que me ha pasado, la he luchado como mejor he podido, y hoy considero que “las pesas” que he ido levantando día a día al luchar contra ella me han hecho invencible. No digo invencible como en las películas de fantasía, sino invencible de verdad, porque sé que la fuerza que he ganado, las herramientas que he aprendido, y las estrategias que aún a día de hoy implemento, me hacen una persona capaz de construir una vida en mis propios términos, sin ningún tipo de límite interno o externo.

 

Existe un problema cuando culpamos al enfermo de una enfermedad, y es que, sin darnos cuenta, estamos protegiendo al monstruo en vez de buscar todas las mejores estrategias para poder vencerlo.

 

Porque el enemigo es la ansiedad, y ese monstruo puede tocarle a cualquiera.

Sí, también a los que consideran que “no es nada” o que “es de blanditos”.

Dicho sea de paso, no se la deseo a nadie jamás.

 

Yo hoy escribo esto en honor a todos esos héroes anónimos que han luchado o siguen luchando contra ese monstruo que sé que vencerán, muchas veces sin ayuda, muchas veces sin rumbo, muchas veces sin esperanza, pero que vencerán porque ellos son mucho más fuertes de lo que creen.

 

Todo pasa.

El monstruo no es eterno, y tú llegarás a mandar sobre él.

Respiración tras respiración.

Momento a momento.

Paso a paso.

Día a día.

 

Lo único que sé, es que lo que hay después de todo eso es un horizonte infinito de posibilidades. La lucha, por más solitaria o dura que pueda resultar, está ahí para que un día, más cercano de lo que crees, enseñes tus heridas con el orgullo de quien ha vencido algo que parecía imposible y se ha convertido en algo mucho mejor de lo que hubieras soñado nunca.  

 

Es posible.

 

Yo, desde aquí, os mando mucha luz.