San Valentín para Diabéticos

Si estabas buscando una reflexión diferente para San Valentín,puede ser ésta. 

San Valentín para Diabéticos

 

Lo primero de todo, éste no es un tema del que suelo escribir, no al menos desde que se inició la transición de todo este proyecto al español (y que me tiene entusiasmada), pero la verdad es que me moría de ganas por compartir mi visión sobre este tema tan “azucarado” como es San Valentín, y os cuento por qué.

 

Desde hace un tiempo ha empezado a ser una constante que muchas personas se acercan a pedirme consejo cuando tienen el corazón roto.

Sí, yo soy la primera sorprendida, queridos amigos.

Nunca he tenido una relación (suponiendo que mi chihuahua no compute como tal – cuán injusto que no compute con lo feliz que me hace).

No me gustan las películas románticas (así, en general).

Tomo San Valentín como una gran época para mandar memes sarcásticos (y os recomiendo a todos que veáis los memes de San Valentín si queréis pasar un buen rato riéndoos, me lo agradeceréis después).

Mi sentido del romanticismo está más cerca del de los Simpson que del de Walt Disney.

No me gusta la canela.

Ni el azúcar en exceso, ni siquiera en el chocolate (y declaro a éste último como mi mejor vicio confesable).

Me gustan más las playas del caribe en bikini y el pelo salvaje que las bodas llenas de blanco y protocolo.

 

Y aún así, ¡me piden consejo para esto! ¿nos hemos vuelto locos?.

Lo cierto es que poco a poco he ido entendiendo por qué estaba pasando. Puede que no sepa mucho del amor romántico “empaquetado en corazones de papel”, pero sí sé, y mucho, sobre un tipo de amor que parece que, por no tener día marcado en el calendario, es menos especial, y no es otro que el amor incondicional hacia uno mismo.

 

Supongo que no me sentiría quién para escribir esto si hubiese venido con ese amor hacia mi misma “de fábrica” y no hubiera tenido que construirlo yo, a veces desde la misma nada. En cierto modo, si me preguntasen por lo más importante que he hecho en mi vida hasta ahora, respondería sin dudarlo que es el haber aprendido a quererme de la manera y con la solidez con la que lo hago hoy.

Y no se trata sólo de decirlo, sino de sentirlo y de vivirlo.

 

Antes que nada, quiero decir que no soy nada fan de esa frase que tanto oímos de “quiérete a ti mismo para que puedas encontrar el amor”. Creo que simple y llanamente chirría. Quererse a uno mismo no se hace “para conseguir pareja”, sino que es un AMOR valiosísimo por sí mismo. Es la lotería entera. Me explico. Conozco gente con pareja que no se quiere a sí misma, y gente que se quiere mucho a sí misma y no está en pareja. De hecho, me atrevería a decir incluso que conozco mucha más gente en pareja que gente que se quiere a sí misma.

Y de ahí que quisiera escribir este artículo.

 

Creo que vivimos una sociedad que valora demasiado poco el arte de quererse a uno mismo. Y de ahí surgen muchos males que, a la larga, estemos o no en pareja, hacen que eso de “ser feliz” parezca una tarea sólo apta para súper héroes, cuando debería estar al alcance de todos de una forma mucho más natural de lo que parece.

Amor también es darte una segunda oportunidad, permitirte pensar en grande de nuevo, cuidarte como nunca antes.

Amor es perdonarte, confiar en ti, empezar ese proyecto, terminar con lo que no te gusta del pasado.

Amor es descansar, sonreír, disfrutar de estar vivo, en este instante, sin esperar nada más de lo que pueda o no llegar a venir.

 

Hace no mucho me pregunté por qué nadie me hacía “sentir mariposas” cuando, en cambio, cada minuto que dedicaba a mi proyecto me hacía sentir “todo el zoo” en el estómago.

La respuesta es más fácil de lo que parece.

Todo eso, el querer lo que tenemos y lo que hacemos y cómo lo hacemos, también es AMOR.

 

Hoy se celebra el día del amor, pero ¿y si en vez de celebrar ese amor por alguien concreto celebrásemos el amor a la vida por sí misma? ¿a la oportunidad de contribuir cada día a hacer un mundo mejor, para todos? ¿amor a las cosas que nos rodean? ¿a este mundo en que vivimos? ¿a todas las personas que hacen que este viaje de la vida sea más interesante?.

Tal vez entonces sería un día tan ÚNICO que no necesitaría azúcar añadido.

Quizás hoy sea un gran día para QUERER todo aquello que nos rodea, empezando por nosotros mismos.

 

Me encantaría dedicar este San Valentín a todos aquellos que, sin necesidad de llevar rosas o corazones rojos (¿rosas también? - el marketing es maravilloso) en la mano, riegan hoy y cada día ese jardín tan único del amor hacia uno mismo.

Gracias por hacer de éste un mundo mejor.

Mucho amor, para todos, hoy y siempre.

 

M. 

 

PS: No os olvidéis de comentar, reenviárselo a vuestros amigos, abuelos, perros y hamsters de la casa (¿quién puede necesitar leer esto hoy?).

 

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