No estás Roto

No estás roto, sólo tienes heridas que cubren parte de tu piel.

 

No estás roto, esas heridas son la prueba de que has vivido, de que la vida te ha pasado y tú has decidido ponerte de frente y dejar que te pase a través de la piel hasta llegar a lo más profundo de ti. 

 

Habrá gente que trate de editar tus heridas, de cubrirlas, de cambiarlas y cambiarte a ti con ellas porque las verán tal vez como fallos, carencias o imperfecciones. A veces, incluso, ese alguien serás tú, tratando de librarte del dolor que a veces siguen produciéndote. Pero tus heridas son parte de ti, y no te hacen menos, sino que te convierten en alguien con una historia única que contar, diferente al resto, cargada de sabiduría y de experiencia y con un mensaje con la capacidad de ayudar de una forma única a muchas personas. 

 

Las heridas son tus sellos en el pasaporte de la vida, son aprendizajes escritos en recuerdos, son las anécdotas con más lecciones del libro de tu vida, y son la causa de hoy seas más humano que antes de cubrirte con ellas. 

 

Son quizá en ocasiones una cruz, en otras sufrimiento y a veces incluso la causa de una profunda tristeza. Pero, sin duda, son también el hueco por el que entra la luz que mereces recibir. 

 

La luz que llegará a ti como la hace la primavera tras el invierno, imposible de prever cuando sólo sentimos frío.

 

Sólo recuerda, por favor recuerda, que quizá tengas heridas, pero que no estás roto.

 

No estás roto, tienes cicatrices que recorren tu piel hasta convertirla en hogar de vivencias únicas. 

 

No estás roto, te has atrevido a enfrentarte  a la vida con la fortaleza de quien se abre a que la vida le llegue a lo más profundo de su ser.  

 

No estás roto, has descubierto la forma que tienes de sobrevivir y seguir dando un paso tras otro hacia la dulzura de lo que llega. 

 

No estás roto, te has abierto a la vida para absorberla con toda su fuerza.  

 

No estás roto, te has atrevido a vivir. 

 

Y esto es sólo el comienzo, porque tus cicatrices te abren a todo lo que la vida tiene que ofrecerte, porque es por las huellas de la tristeza por donde entra arrasadora la alegría para llenarlo todo, por esos mismos huecos que ahora ves como “rotos”.

 

No, no estás roto, tienes espacios especialmente diseñados para acoger a la imparable alegría que viene para quedarse contigo. 

 

No estás roto, estás preparado para sonreír de verdad. 

 

No estás roto, estás imparablemente vivo. 

 

Y esto sólo es el comienzo.